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Lo que la pandemia dejó

Nataly Contreras Mollinedo
Nov 18th, 2020
3 - 4 min.

Desde hace casi 9 meses hemos estado viviendo una realidad muy diferente a lo que se consideraba normal, durante éste tiempo han cambiado ciertas perspectivas de lo que nuestra libertad significaba, más allá del portar un cubrebocas o gel antibacterial, la libertad era de poder acudir a cualquier sitio o entablar comunicación con cualquier persona sin preocuparte de si será el momento en el que contagies.

Todas las personas al ser seres sociales por naturaleza nos hemos visto en la difícil situación de aislarnos y pausar nuestra vida en el entorno por una cuarentena que no fue voluntaria sino impuesta para nuestra propia seguridad en donde rompimos con nuestras rutinas, ocios, se apareció el aburrimiento y el temor del propio periodo que se ha ido extendiendo por muchos meses, este efecto es una situación que tiene potente carga psicológica para cada individuo.

Poco se ha hablado de los estragos emocionales que más adelante empezaremos a ver como consecuencia de todos los cambios generados: la pérdida de trabajo, el trabajar desde casa, la excesiva convivencia en casa, la muerte de conocidos o familiares, el temor a enfermar y el temor a salir (síndrome de la cabaña) es por eso que estaremos más familiarizados ante trastornos del estado del ánimo que la mayoría ha escuchado.

La ansiedad y la depresión son los diagnósticos emocionales más comunes en todo el mundo, En México ambas han sido relativamente poco estudiadas pero se estima que en México al menos 14.3% de los ciudadanos padece trastornos de ansiedad generalizada y datos recientes informan que existe una prevalencia de 32.6% (14.1% depresión mayor y 18.5% depresión menor), siendo más común en mujeres que en hombres, al llegar la crisis de COVID19 es probable que éstos datos se hayan disparado al estar la población resguardada en casa y al contacto excesivo de información que en vez de generar tranquilidad, genera pánico.

Como psicóloga he empezado a observar el agotamiento en las personas susceptibles emocionalmente, pero igual he visto el abatimiento de aquellos con fortalezas emocionales, todo esto es causante de la CRISIS que genera la incertidumbre; el miedo y el estrés son sentimientos normales ya que son reacciones naturales adaptativas en todas las personas y que nos hacen enfrentar un conflicto inmediato, pero la incertidumbre es esa falta de seguridad actual que crea lapsos de angustia que llegan a veces a paralizarnos y esto ocurre ya que estamos acostumbrados a tener toda una vida planificada, rutinas diarias e incluso por horas, a mediano-corto plazo, viajes, salidas, visitas y al no tener todo atado, planeado, fomenta el pensamiento de falta de control y vulnerabilidad.

En psicología siempre hablamos que las crisis no son tan negativas como se cree, ya que el individuo será capaz de confrontarse a ella, aprendiendo de sus propias capacidades de resiliencia y tendrá al final un crecimiento personal, un aprendizaje, ahora, es difícil pensar que todos estos meses puedan dejar algo positivo, pero así es, ya que en ésta crisis la mayoría aprenderemos a tener más proximidad/intimidad (no física) con la otra persona y esto hará interesarnos y participar más en todas las injusticias, elecciones políticas y decisiones que nos afectan a TODOS como país, como sociedad, no seremos aquellas personas que pensábamos que todos los conflictos y disturbios sociales “mientras estén lejos de mi no me competen”, sino seremos proactivos desde nuestras trincheras al crear conciencia con nuestras palabras o en el caso de las redes sociales, seremos más analíticos en lo que posteamos antes de intentar lastimar o hacer juicios al otro.

Para aquellos que respetaron la cuarentena y se alejaron de sus familias o de la convivencia común, han aprendido a valorar el poder de un abrazo o lo entrañable que es acudir a visitar a tus seres queridos sin ataduras o miedos a enfermarlos, pero igual existen aquellos en los que al no respetar los tiempos de resguardo y poner (ponerse) en riesgo a los demás solo muestran la poca capacidad de empatía hacia el otro. Hay factores de personalidad, ambiente, experiencias previas que han impulsado nuestro crecimiento emocional a lo largo de nuestra vida, pero en situaciones hostiles y extremas como las que vivimos actualmente debemos aprender a dejar el egocentrismo atrás y empezar a preocuparnos por los demás.

Aunque aún estemos sumidos en esta incertidumbre por el COVID tenemos nuestros ideales y sueños en la mente y debemos enfocarnos en lo que podemos ir resolviendo, sonará a cliché pero es así, solo podemos actuar desde donde está lo posible, momento a momento ya que esto será algo temporal. Cuando termine la pandemia nos habrá enseñado que la oportunidad de hacer algo es ahora, que la situación para ayudar al extraño es el Aquí y sobretodo que el momento de demostrar el afecto a los que tenemos cerca es HOY.